viernes, 12 de noviembre de 2010

La literatura como medio de sensibilización contra la violencia y las adicciones

Participación de Aleida Villa en el
VIII Festival de literatura del Noroeste
Centro Cultural Tijuana
11 de noviembre 2010
Tiendo a pensar de la literatura como el ocio con sentido, y mi ocio consentido. Vivir intensamente moviendo un solo dedo. Caminar con los ojos, explorar el mundo en pijamas.
En la literatura tendemos a perdernos totalmente, emergiendo siempre una nueva persona. Quiero decir que el lector que lee la primera página jamás es el mismo al llegar a la final. Yo me pregunto cuantas Aleidas se han quedado atrapadas de por vida en mis libros y cuantas han sido creadas como emergidas de un capullo. Me cuestiono también si éstas han sido transformaciones siempre positivas o si mi persona hubiese sido mejor dejando fuera unas cuantas lecturas que tal vez tenían elementos violentos o muy desagradables.

Al hacer memoria de mis lecturas favoritas veo que muchas, sino todas están llenas de actos violentos, sangrientos, simplemente grotescos que irisan la piel al llenar la mente del lector con ideas negras y tenebrosas. Y estoy hablando de la literatura infantil.

Si analizamos los cuentos infantiles del pasado podemos ver que el camino al final feliz siempre estaba plagado de duros obstáculos para el héroe. En la Cenicienta la primera hermanastra se corta el dedo gordo de su pie para lograr meter la zapatilla, al fallar ésta, la segunda hermanastra entonces se corta el tobillo y es solo por el aviso de un pájaro, y la sangre que va dejando en su camino que el príncipe se descubre engañado, y como castigo, pájaros las dejan ciegas picoteando sus ojos.

En la historia de Hansel y Gretel la bruja muere grotescamente calcinada en el horno de su casa, y en el Mago de Oz la malvada bruja del Este muere aplastada por la casa de Dorothy, y la del Oeste muere convertida en un escupitajo de líquido viscoso tras haber sido bañada en agua que para ella era ácido. Bastantes niños hoy alegan lo mismo al meterlos a la regadera.
En Blanca Nieves, la bruja reina es obligada a vestir zapatillas candentes y bailar hasta la muerte.Y si piensan que solo los malhechores se llevan su merecido, también podemos hablar del cuento original de Charles Perrault “Caperucita Roja”, jovencita que por desobedecer el consejo de su madre, hablando con desconocidos y saliéndose del camino indicado, muere desnuda en cama de su abuela, "devorada" por el lobo.

Algunos dirán, eran otros tiempos. Claro, eran otros tiempos. En aquellos tiempos había asesinatos y había mutilaciones y había gente que se devoraba a otra gente para beneficiarse de ellos. Eran otros tiempos. Pero si estos son nuevos tiempos. ¿En donde están los cuentos que hablan de los asesinatos de duendes narcotraficantes, de brujos mocha orejas, de hechiceras mata viejitas o de ogros pozoleros?

Bien, confieso saber que estos cuentos no necesariamente eran infantiles antes, sino obras del folclor europeo que tras varias generaciones de pasar de boca en boca llegaron a los oídos pacientes y manos creativas de recopiladores como los Hermanos Grimm. Aun así, son obras que sobreviven hasta nuestros días ya sea narradas de forma directa o a través de personajes y situaciones similares pero modificadas para reflejar el presente de nuestra sociedad y cultura. Pero están aquí, y sus actos violentos aunque minimizados para llegar a ser más aceptables entre un público ahora específico, infantil, continúan tan presentes y coloridos como hace siglos.

¿Porque? Porque sorprenden. Porque tienen un grado de emoción provocado por la violencia que genera, queramos o no, satisfacción y asombro. Queremos que el villano sufra. A nadie le interesa que el lobo sea llevado a terapia y convencido sobre los beneficios de vegetarianismo. No, queremos que muera por malo. Reconocemos entonces en estas obras lo que es la maldad y sus consecuencias, o la bondad y sus recompensas.

Entonces la violencia en la literatura puede ser didáctica también. Pues si bien vemos bastante violencia en obras infantiles y adultas, muchos de estos actos tienen un objetivo, o mejor dicho tres:
a) Engalanar una acción reacción, o por igual una falta de acción. He aquí el dicho “El mal triunfa cuando buenas personas no hacen nada”.
b) Como castigo a las acciones del villano, o
c) Para resaltar las virtudes del héroe al sobresalir del dolor o continuar luchando a pesar de sus debilidades. (Como consigna de honor).

Es así como la violencia en la literatura nos hace más sensibles a las realidades de nuestro mundo. Porque al leer y convivir con los personajes, participamos en la violencia, y nos obliga a ver y sentir de forma anticipada las consecuencias de nuestras acciones si las aplicamos a la realidad. Nos muestra entre tantas maravillas el lado negro de nuestra naturaleza humana, y es en ese mostrarnos que logra disuadirnos de la repetición.
Dice Garate: “Sin duda el libro infantil sigue siendo el medio idóneo para promover una educación en valores afectivos, estéticos y desde luego éticos y sociales, necesarios para una convivencia en el respeto a las normas establecidas”

Nos dicen desde chicos no seas como Caperucita y vete por el lado indicado, no seas como el cerdito de la casa de paja, mejor construye con ladrillo, no seas como la hermanastra, se como Cenicienta (eso desgraciadamente crea otra serie de problemas), no seas como la liebre, se como la tortuga. Y eso, queramos o no, se nos queda quemado en la mente.

No quiero pensar que toda obra cae en los parámetros del utilitarismo curricular, pero creo que como dicho al principio, toda obra nos deja algo y nos transforma, y si ese elemento transformador va a ser específicamente la violencia su uso debe hacerse con bastante consideración y bajo responsabilidad del autor. Igual creo que siempre se deben de dar opciones que no recurran a la agresión física o la intimidación mental.
De usarse la violencia y el conflicto, recomienda la investigadora Maureen Nemon, es esencial que lo hagan de forma que muestren el sufrimiento causado. Igual de importante mostrar soluciones alternativas de las que ofrece la violencia.

Me viene a la mente el cuento de Francisco Hinojosa “La peor señora del mundo” donde el pueblo en lugar de buscar eliminar físicamente a la villana (y bastante derecho tenían), la engaña a través del trabajo en equipo y la tolerancia, haciéndole pensar al final que sus acciones positivas son en verdad las más nefastas del mundo. Logrando al menos convivir con ella sin necesidad de restringirla o castigarla.

Es inevitable ver violencia en la literatura. Porque ella es un reflejo de nuestra sociedad y en la sociedad hay violencia. Pero tal vez el escritor tenga el ingenio de crear situaciones en que los conflictos logren resolverse sin actos violentos. La divulgación de estas obras tal vez, logren pesar la balanza a nuestro favor creando un estilo de vida más pacífico en individuos cuyo futuro se veía turbio. Cambiando lentamente el bienestar de una comunidad y hasta de una nación.

No, no dejaría ni una sola de mis lecturas fuera. Y dudo que ustedes también lo hicieran. Porque cada lectura nos ha hecho lo que somos hoy. Nos ha enseñado a vivir en este momento, en esta sociedad, en esta cultura. Nos ha enseñado inclusive a convivir con nosotros mismos.

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