jueves, 1 de julio de 2010

Unas pocas notas escépticas sobre el fomento de la lectura

El presente texto fue escrito por Marcos Taracido, en Libro de notas. Diario de los mejores contenidos de la Red en español.

Unas pocas notas escépticas sobre el fomento de la lectura
1. Que lean lo que quieran. ¿Acaso tenían calidad Los cinco? ¿Esther? ¿Los Hollister? ¿Nos convirtó en babosos-melosos Celia?
2. Que lean lo que quieran: huya del libro educativo y testado en moral ciudadana: que lea, si lo desea (lo deseará) insultos, cochinadas, pánicos y violencia. C’est la vi.
3. Olvídese de las bibliotecas amplias, incluso de eso de leer delante de ellos (o hacer que se lee, patético, pero cierto). Recuerde que buena parte de la generación de grandes escritores nacidos en la primera mitad del siglo XX crecieron en familias analfabetas o cuyas bibliotecas estaban formadas por un puñado de libros, casi ninguno de literatura.
4. No hay edades lectoras, y por lo tanto no hay libros para determinadas edades. Vuelvo a nuestros ancestros: ¿cuántos aprendieron a leer con el Quijote?
5. Por si se está consolando, no es cierto que ahora se lea más que nunca, al menos si tenemos una concepción de la lectura algo más profunda que la que suponen los prospectos médicos. Los jóvenes no leen más allá de pequeños mensajes, textos breves y sencillos, sin estructura, sin complejidad, planos. No se trata de que esto sea bueno o malo, se trata de que es.
6. ¿Leer hace más inteligente? ¿Nos hace mejores? Sociedades consideradas por nosotros como las más civilizadas y avanzadas del mundo están basadas en la lectura repetitiva y obsesiva de un solo libro: la Biblia protestante. La mayoría de los grandes asesinos de la humanidad, asesinos de masas que al tiempo soñaban con crear sociedades claustrofóbicas y tiránicas, eran cultos lectores.
7. Exige que no utilicen tu dinero para hacer campañas de la lectura desde el Ministerio de Cultura. No hace falta estadística alguna para saber que no han hecho ni un solo lector a través de ellas.
8. Si es usted docente sepa que todo su trabajo es deshecho en casa de los alumnos, así que ahórrese el esfuerzo. O no se lo ahorre, pero prevéngase contra la depresión.
9. Ahora olvide todo lo anterior y fomente la lectura de cualquier forma que se le ocurra. Escribiendo, por ejemplo. O leyendo.

Marcos Taracido 01 de julio de 2010

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